viernes, 6 de noviembre de 2009

MARINA PRODAN, nombrada pintora del mes


Marina Prodan

Ciudad Real (1962)

Fine Arts. University of St Louis, Missouri (USA)

Bellas Artes (Universidad Complutense de Madrid)

Inició su carrera artística en USA y desde 2006 trabaja en Madrid.

Exposiciones individuales:

‘El inconsciente colectivo’ Málaga (2007)

‘Bien valorada entre los coleccionistas particulares y las empresas donde hasta ahora se ha movido su obra, esta joven artista, se nos presenta con una valiente exposición, casi una breve retrospectiva. Presenciamos así toda la fuerza de un empuje gestual que podríamos remontar casi al desarrollo lineal de un Pollock - en su época de la action painting- pero sostenida aquí por un carácter enérgico, luminoso, casi órfico que recuerda tanto la creatividad de Kankinsky como de los Delaunay.

En otro momento más reciente, la obra se vuelve más meditativa, más íntima, sin embargo la fuerza gestual no disminuye su presencia, mostrándonos aún su huella en breves líneas que huyen en fugas’.

‘El signo en el retrato' Vitoria (2008)

‘Ya en otro momento pictórico, así como todo a lo largo de toda su trayectoria, Marina Prodan nos ha venido mostrando su interés en el desarrollo del signo al que ha confiado siempre el papel de protagonista principal de sus obras. Hemos visto el signo desarrollarse en todo un mundo de inesperados ritmos y que, siempre vibrando por la magia del color, se proyectaba, se expandía o contraía zambulléndose en el espacio pictórico transformado en movimiento, casi en música. Así entendido el signo ha venido a ser para ella casi una bandera, una bandera llena de presencia, de potencialidades y de vitalidad.

ro ahora, en la presente exposición, aún siempre coherente con sus propias premisas plásticas, la autora viene a proponernos algo insólito, un binomio casi antitético: El Signo y el Retrato.

Si ya de por sí una muestra protagonizada por al retrato es bastante novedosa, lo es más aún cuando el retrato deja de tener ese valor y esa única función temática de representar a cierto personaje o a una bella dama. No, aquí el retrato está concebido de una manera y con una finalidad absolutamente diferente en cuanto Marina Prodan lo ha transformado en el pretexto, o quizás en el soporte necesario –casi en la escenografía- donde lo que a través del retrato se desarrolla es esencialmente el armonioso despliegue de la línea, la aérea pirueta del signo. De otra parte debemos observar como este signo que, siempre al límite de lo esencial y de lo abstracto, tan valientemente trasciende la estricta lógica de la figuración no es nunca gratuito mas siempre sugerido, o mejor dicho dominado, por una subliminal necesidad expresiva, pero siempre sugerida por esa honda motivación plástica que, al final, es nuevamente la propia figuración. El resultado de tan insólita combinación entre el Signo y el Retrato lo percibimos de inmediato por poco que nos detengamos en observar las obras de esta exposición.

Al mismo tiempo, y en sintonía con el actual momento artístico, la autora además de esa concreción sincrética que hemos señalado en la que, bajo el égida del equilibrio, los elementos figurativos del retrato son sintetizados en vuelo sígnico, hace aflorar con un carácter absolutamente propio la rica elaboración matérica de los fondos con lo que consigue enriquecer su obra de una elocuente intensidad.

Y es muy interesante que prestemos la debida atención también a esos fondos que forman un leif motif, un substrato, lleno de expresión y de garra, que bien podría asumir de por sí el protagonismo absoluto de muchos de estos trabajos. Una especie de misteriosas retículas, una serie de líneas y de puntos impregnados de una vigorosa materia o unos enigmáticos espacios de color aportan como una subliminal presencia que, como un inesperado testimonio, de improviso, parece toparse con un mundo paralelo, un mundo que, sin embargo, precisamente aquí se revela lleno de su propia presencia en una concreción tan elegante como dramática.

Contrasta con la fuerza dinámica y cromática de estos retratos signícos otros, muy pocos, de suave dibujo, de profunda mirada, de un intenso phatos, en que la sensibilidad muy femenina de la autora parece haberse adueñado de otro, muy diferente, espacio expresivo. Es este un espacio de horas lentas, meditadas, quizás sufridas, para captar las cuales ella se ve impulsada hacia un lenguaje y un léxico muy diferentes que buscará su concreción en la lenta precisión gestual del dibujo.

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